Mostrando entradas con la etiqueta Pedaleo mental. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Pedaleo mental. Mostrar todas las entradas

jueves, 17 de septiembre de 2015

Co-vivirse

María Moreno. "La ventana"(1970)



Leo que la mejor futbolista de Irán no podrá jugar la Copa Asia porque su marido le retiene el pasaporte. Triste sometimiento.

Inmediatamente recuerdo el documental dedicado a una pintora poco conocida, María Moreno. Ni siquiera el título del reportaje lleva su nombre, aunque la define: "La luz de Antonio".

Desde una mirada superficial, podría parecer otro tipo de sumisión. Una mujer detrás de un gran hombre. Pero quien vea esto no se ha fijado bien, o tiene el corazón encizañado por la guerra de los sexos.
Este reportaje es una bellísima historia de amor. No necesita ser novela para tener todos los elementos de la buena literatura. Dos protagonistas gigantescos, compitiendo por amarse.
Su vida es mucho más que compartir, que convivir o vivir juntos. Es vivirse en el otro, para el otro, ser co-biográficos.

Qué hermoso sometimiento el de preferir al otro. Qué belleza y cuánto gozo si este vivirse para la felicidad ajena se baila en un cotidiano "pas a deux".

Cuánta pasion amorosa en ese aparente pasar los días ordinarios, monótonos, corrientes y molientes. Deseándose mutuamente "que cada días seas mejor siendo tu", que es el mejor modo de decirse, "quiero que seas feliz".

Hasta el fin del final.


LINK DEL DOCUMENTAL(Clikar)



(Es un poco largo, pero merece ese tiempo. A partir del minuto 39: 30 no pude contener la emoción. Demasiadas connotaciones con historias con-vividas).

lunes, 14 de septiembre de 2015

Inmuebles







Nada como viajar para aprender.
Dicen que viajar abre la mente, que cura los despechos amorosos y la boinez provinciana.
Eso no lo tengo comprobado, pero lo que siempre constato en cualquier emigración o exilio, aunque sea de fin de semana, es mi ignorancia supina.

En los jardines de la espléndida Abbaye de Fontfroide, acabo de descubrir que existen inmuebles para insectos, y en múltiples formatos, multipropiedad o unifamiliar.
Las casitas-"l'hôtel" para los franceses- están pensadas hasta el mínimo detalle, buscando el confort para cada uno de los habitantes de las familias insectiles. El ladrillo hace las veces de calefacción central para que el abejerío repose y pueda libar de nuevo en primavera. La puertecita roja atrae y guía hacia el cobijo a unos bichos verdes llamados crisopas, que se comen a otros bichos aún más bichos y peligrosos, que en forma de plaga destrozan los jardines. En fin, que todo está estructurado para que en los huecos de los tronquitos, tan primorosamente colocados, las sabandijas encuentren el mimo y el entorno amoroso, para sobrevivir y defender el jardín de invasiones peligrosas.

Si es que hasta las cucarachas necesitan un hogar.
Cómo no vamos a necesitarlo nosotros, los humanos.
Cómo podemos despreciar esos trabajos gigantescamente pequeños que necesita la tarea de crear y mantener el hábitat adecuado a la realidad y grandeza de ser hombres y mujeres.

Gracias al ecosistema que se consigue con  estas tareas cotidianas y domésticas, que tanto se desprecian, crecemos como humanos, y no nos quedamos  enredados en el propio zurullo, como un escarabajo pelotero despistado (scarabaeus latticolis, toma latinajo).
Gracias a las aburridas monotonías que facilitan la supervivencia, conseguimos arraigo en lo que para otros es una simple madriguera, tenemos mucho más que una casa como los insectos.  Los humanos podemos tener un hogar.

En los jardines de Fontfroide, una vez más, recordé las palabras de un filósofo admirado: "Construir un hogar, mantenerlo y cuidar a las personas que hay en él, es más rico, y más profundamente humano que trabajar y transformar el medio. Producir es mucho, cuidar de un hogar es mucho más"




miércoles, 9 de septiembre de 2015

Comentarios Reales





Un admirado escritor suele decir que " los versos más míos, los han escrito otros". Eso pensé ayer, al leer los comentarios del blog.

Sunsi y Ana puntualizan con precisión, apuntalan lo apuntado en el post, dan en el clavo con las palabras clave: Tiempo.Silencio. Profundidad. Mentira/Verdad. Consumir.

Ayer estuve en la pelu, y hojeé el "Vogue". No fué tiempo perdido. No todo es leer poesía y metafísica.  De el batiburrillo de imágenes que contenía la revista, (en su mayoría hermosas), y de informaciones, (en su mayoría patéticas), llegué a la conclusión de que vuelven los sesenta, se lleva el color caldero, y por fin he ubicado a una tal Kim Kardasian, que viene a ser Belén Esteban, pero a lo yanki y en XXL. Son tonterías totales sin más. Pero al dejar la revista encima del montón, tuve la sensación de estar depositando una bomba de relojería, un amasijo de metralla emboscada, que podía estallar en cualquier momento. Porque el leitmotiv de todas esas páginas brillantes de papel couché, es convertir en fundamento y esencia lo que es superficial y frívolo. Y éso, en dosis altas, corta el riego sanguíneo, ciega el cerebro. No es más que un ejemplo.

Sobra información, falta reflexión.

No sé si es una situación casual o interesada. Porque cuanto menos pensamos, y cuanto más ofuscados nos preocupamos por lo accesorio y accidental, más vulnerables y manipulables estamos ante el poder, del tipo de que sea. Basta leer estos días la prensa.

Y para cambiar esto, que tiene que cambiar, habrá que empezar. Por algo pequeño y concreto.

Para establecer distancia entre quienes somos y esas pobres ocas que describía Ana, consumidoras compulsivas, abotargadas, intoxicadas, atontadas y utilizadas para conseguir un buen foie, es importante redescubrir algunas cosas,
Propongo aprender a contemplar.
Bueno, empecemos por aprender a mirar, que es un punto intermedio entre ver y reflexionar.
Con tiempo y silencio, imprescindibles para preguntarnos "¿porqué?", clave ineludible para encontrar la verdad.

Slow, slow, slow...sin prisa pero sin pausa.







viernes, 4 de septiembre de 2015

Cuestión de ombligos











Hablando de puntos redondos,  de esas curvas cerradas que contienen principio y fin en un mismo movimiento, llegamos al círculo rotundo  por antonomasia: el ombligo.

Tiene inmerecida mala fama ése ojal íntimo.
Dicen que embelesarse mirándolo hipnotiza de tal modo, que te come un agujero negro. Regodearse en sus pliegues irregulares conjura una maldición que transforma en seres unineuronales, cortos de vista y cejijuntos de por vida. Parece ser que concentrarse en su redondez infinita, atrapa y arrastra hacia un huracán sin retorno, tanta es la fuerza del mi-me-conmigo.

A primer vista el ombligo huele a cerrado,
Pero es tan solo una impresión equivocada. Tantos siglos de vilipendio no nos dejan reconocer el misterio que se esconde entre los pliegues de ése bodoque distintivo, que nos acompaña desde el primer suspiro.  
Esa cicatriz personalísima, única e irrepetible, nos une con la Historia.
La que que escribimos con MAYUSCULAS, y que nos deja enganchados unos con otros, haciéndonos protagonista de epopeyas ajenas, y también la que deletreamos con letras grises y pequeñas , la historia propia, personal y anodina, que deberíamos  escribir con  Versalitas   De Oro,  la historia secreta de cada uno de todos los millones de hombres anónimos que, desde que quedamos marcados por la herida del ombligo, marchamos hacia lo eterno.

Ese gurruño de carne encogida nos recuerda tozudamente que no estamos solos, que tenemos procedencia. El ombligo es el sello carnal que certifica que somos humanos porque tenemos padre y madre, que también son ombligados, tatuados con el mismo marchamo de autenticidad que certifica la denominación de origen: un hombre y una mujer.
Que probablemente se amaron. Y es que el ombligo tiene tanto que ver con el amor...
Pero eso ya es otra historia, que dejaré para más adelante. No puede desvelarse la fórmula magistral en el etiquetaje.





martes, 11 de noviembre de 2014

Déjà vu


Entrada con enlaces e ironia.
El que no sepa leer...que no lea.



"La vendetta della strega". Adelchi Riccardo Mantovani





Cuando lo socialmente novedoso se vive como "déjà vu", existen muchas posibilidades de que no se trate de  un trastorno paramnésico. Tal vez sea un síntoma preocupante de simple envejecimiento.

Estos días de tanta cutrez política en vena, no hago más que tener esas sensaciones de oir campanas desde el pasado. No sé si empezar a preocuparme.

Por partes.

A.- ¿Quién no ha disfrutado escuchando las conversaciones de los mayores? Solía suceder  que, justo cuando la cosa se ponía más interesante, se daban cuenta de la existencia de niños-oreja y nos mandaban a jugar.
Mi infancia transcurrió en los años finales de una dictadura. Otra dictadura.
Los mayores solían hablar de "Paquito", que con el tiempo he deducido "astutamente" que era "el Dictador"(en aquella dictadura era mucho más fácil identificar los roles).
Parece ser que en aquella dictadura, la otra, que no se llamaba a sí misma "dictadura", sino "democracia orgánica", hubo lo que se denominó "referendum"(otro referendum).
Tengo este recuerdo nítido, aunque es algo que no viví. Oía los comentarios , y las anécdotas, de labios de mi padre, en escuchas escondidas y en semisombra. Ya mayorcica, pude contrastar esos recuerdos inexistentes en conversación abierta, o en la hemeroteca, en blanco y negro, como todo en ése tiempo.
Y estos días, inexplicablemente, me ha sorprendido el "déjà vu".

Véase aquí. Exactamente minuto 00:17

Cuántas coincidencias. Cuántas colas, cuánto de todo y más.


B.- En mis comienzos universitarios estrenábamos Constitución. Cantábamos eso de "Libertad,libertad, sin ira libertad". La canción que compuso "Jarcha". No la canción de ahora.

Como no había dado mucho tiempo para hacer estudios y teorías sobre la neófita Carta Magna, en lugar de "Constitucional ", estudiábamos "Derecho Político" con "el Hauriou", que era un manual clásico de un sabio francés. Me arrebataba la asignatura, era "fans" incondicional de la democracia.

Por eso sentí morir cuando un político llamado "Guerra", que ahora dice que se jubila, anunció:  "Montesquieu ha muerto". Bueno, ahora también dice que no lo dijo, aunque Montesquieu aún no lo sabe, y parece que no tiene prisa por resucitar.
Con sustos y noticias como estas, se desmoronaba mi seguridad democrática.
Lo había aprendido muy bien con "el Hauriou": El principio de legalidad y el equilibrio de poderes, eran indispensables y consustanciales a la democracia. Ya se sabe, la juventud es idealista, y yo estas cosas me las creía.
Fue un primer desengaño.

Y estos días, inexplicablemente, ha vuelto esa sensación similar al derrumbamiento de un castillo de naipes. De nuevo el "déjà vu".


C.-  En un reciente viaje a Roma me sorprendió ver la ciudad plagada de carteles tal que así, o así .
Me estremecí.

Y estos días de tanto "banderamen", otra vez el dichoso ritornello del "déjà vu".


No sé si será necesario ir al médico, o igual es cuestión de acostumbrarse, cosas de la memoria, que se niega a ser domesticada.








martes, 14 de octubre de 2014

Sabiduría ancestral





Solo cabe el silencio ante la sabiduría.
No tiene desperdicio

jueves, 2 de octubre de 2014

Carcas sin fronteras


"Kate" de Oleg Ravdan




Me miro en el espejo y no puedo fantasear: Soy una señora mayor. Abuela, por más señas.


Me sorprende esa desconocida mismidad que me observa al otro lado del cristal, tan folmalita ella, la clásica señora "estilo madre", con el típico redondeamiento burgués de la clase media.
Me desconcierta porque no me reconozco en ella. 

No tiene mucha importancia, y acabaré acostumbrándome a la compañía íntima de esa señora en la que me he convertido, seremos buenas amigas en cuanto le coja el tranquillo.

Lo único que resulta complicado en esto del envejecimiento, es lo insoportables que se han vuelto mis coetáneos, transformados de repente en viejos cascarrabias o en mansos durmientes por derribo o por aburrimiento.
Eso lo llevo mal.

Para compensar, ayer reencontré el libro de Alejandro LLano y la cita de Magris:


"El diablo es conservador porque no cree en el futuro ni en la esperanza, porque no consigue siquiera imaginar que el viejo Adán pueda transformarse, que la humanidad pueda regenerarse. Este obtuso y cínico conservadurismo es la causa de tantos males, porque induce a aceptarlos como si fueran inevitables y, en consecuencia, a permitirlos." 



Era de esperar, algo diabólico se olía en eso del conservadurismo...la desesperanza y la derrota huelen a azufre.

El fondo de mi alma sigue siendo antisitema. Y en gente tan sesuda como Llano o Magris, encuentro la excusa para seguir explotando esa venada revolucionaria.

No se trata de sumarse al "optimismo de almanaque", que espera que el cambio de año, o de temporada, o de milenio van a poner las cosas mejos, por arte de birlibirloque...

A mi edad la "normalidad" implica un cierto desencanto. Pero eso no lleva consigo el fatalismo del "nada se puede cambiar", sino que, precisamente porque los talludicos ya conocemos la realidad, no nos acobardamos ante lo que son las cosas, y sabemos luchar por lo que deberían ser.

También a estas alturas, la vida sigue valiendo la pena, tal vez ahora más que nunca. Ahora que hemos aprendido a reirnos de nosotros mismos y a no tomarnos demasiado en serio.

Ése es el mejor antídoto, la pócima que libera del peso de la carcundia.






martes, 22 de julio de 2014

La eterna canción del verano






Los veranos cantaban "La Chevecha", "Juanita Banana", "Casatshok","El sol español"...música eferevescente que aún burbujea por el alma.

Recuerdo el momento con nitidez.
Tenía nueve o diez años, y le pregunté a mi madre porqué había tantas canciones " de amor".
Me parecía un rollo,una auténtica pérdida de tiempo, sinónimo de penas y aburrimiento en las letras...mi cabecita no entendía porqué a los mayores les interesaba tanto esa languidez que siempre llevaba consigo lo que llamaban amor.
Mi madre me miró, riéndose un poco,y sólo me dijo que el amor es lo más importante de la vida, que lo entendería pronto, que me fuese a jugar.
Pero a mí me quedó la intriga...¿cuándo entendería?¿ porqué eso del amor les importa tanto?
Mi madre, como siempre, tenía razón, y pronto comprendí la esencia,el  porqué, qué hace que  nos gusten tanto las canciones de amor.

Me gustan casi todas.
Este año he descubierto a Toni Zenet, que me ha atrapado con sus letras, y buen rollito. No tanto como Kevin, pero casi casi.

Ahora ya tengo edad para entender:
Que el enamoramiento es como una "invasión marciana", que nos enajena en el sentido estricto de la palabra.
Alguien entra en la mente y el corazón, sin pedir permiso, y lo cambia todo.
Todo gira entorno a el/ella, despertando lo mejor de nosotros mismos, pero también dejándolo todo en vilo.
Ése es el inicio del camino.
El estribillo de la canción.

¿Y cómo saber si es tan sólo la canción de un verano o va a ser sinfonía eterna?
Eso es para otro día, otras músicas, otros temas.





             


La eterna canción del verano






Los veranos cantaban "La Chevecha", "Juanita Banana", "Casatshok","El sol español"...música eferevescente que aún burbujea por el alma.

Recuerdo el momento con nitidez.
Tenía nueve o diez años, y le pregunté a mi madre porqué había tantas canciones " de amor".
Me parecía un rollo,una auténtica pérdida de tiempo, sinónimo de penas y aburrimiento en las letras...mi cabecita no entendía porqué a los mayores les interesaba tanto esa languidez que siempre llevaba consigo lo que llamaban amor.
Mi madre me miró, riéndose un poco,y sólo me dijo que el amor es lo más importante de la vida, que lo entendería pronto, que me fuese a jugar.
Pero a mí me quedó la intriga...¿cuándo entendería?¿ porqué eso del amor les importa tanto?
Mi madre, como siempre, tenía razón, y pronto comprendí la esencia,el  porqué, qué hace que  nos gusten tanto las canciones de amor.

Me gustan casi todas.
Este año he descubierto a Toni Zenet, que me ha atrapado con sus letras, y buen rollito. No tanto como Kevin, pero casi casi.

Ahora ya tengo edad para entender:
Que el enamoramiento es como una "invasión marciana", que nos enajena en el sentido estricto de la palabra.
Alguien entra en la mente y el corazón, sin pedir permiso, y lo cambia todo.
Todo gira entorno a el/ella, despertando lo mejor de nosotros mismos, pero también dejándolo todo en vilo.
Ése es el inicio del camino.
El estribillo de la canción.

¿Y cómo saber si es tan sólo la canción de un verano o va a ser sinfonía eterna?
Eso es para otro día, otras músicas, otros temas.





             


jueves, 17 de julio de 2014

A sangre









En el grabado, como en casi todo, hay márgenes.
Es la marca que la plancha deja sobre el papel al pasarla sobre el tórculo, y que delimita la imágen.
Los márgenes son importantes. 
Hay incluso una guía  para la identificación del margen, tienen diversos adverbios según su estado o tamaños: rico en barbas, márgenes enteros, márgenes anchos, márgenes estrechos, márgenes cortados por la huella, remarginados, buen margen, margen sutil, margen intonso, margen pequeño y un largo etcétera.

Y también existe el margen sin margen.
Es el "margen perdido" o "a sangre".

La estampación a sangre es frecuente en la estampa contemporánea, sobre todo en Norteamérica, y se realiza cortando la hoja de un tamaño inferior a la matriz. 
En este caso, la firma, numeración y cualquier anotación están dentro de la imagen o en el reverso de la estampa. 

Todo se pone en juego en la misma obra.
Me gusta la expresión "a sangre". Tiene fuerza.

En el grabado, como en casi todo, hay estampas que necesitan hacerse así, "a sangre".
Sin dejar límites que separen.
Jugándolo todo o nada.

Y el amor es una de esas estampas que no entiende de medias tintas, de límites, márgenes o condiciones.
En el amor...a sangre.












martes, 15 de julio de 2014

¡A los tacooneeees... !







Las modelos del taller suelen ser longilíneas, cuasi adolescentes.
Posan en sesiones de cinco minutos, en contorsiones fastidiosas, para poner a prueba la capacidad de intuir el escorzo.
Pero ayer la modelo era distinta.
No, nada de gorda. Tan sólo había integrado con armonía la dulzura de la curvatura,  que, como una huella invisible suele dejar la maternidad en el cuerpo de las mujeres.
Disfruté dibujándola.
Absorbiendo volúmenes, claros y sombras, daba vueltas a un asunto que viene ocupando mis tiempos de desvelo: la restauración de lo femenino en la mujer de edad media.
Bonito tema para una tesis.

Contemplando el panorama compruebo como, con el paso de los años, "ellas" somos en apariencia más "ellos".¿ O tal vez sea a la inversa, y ellos se redondean y acabamos así,  "de facto",  asumiendo las proclamas del igualitarismo más rancio?
No sé, siempre estas dudas, tan tontas ellas, que me persiguen aunque no quiera.
Lo cierto es que,  a poco que nos descuidemos, acabamos en una especie de híbrido-andrógino, entre camionero y matrona romana.
Si a esto le añadimos la moda del verano, al puro estilo mercadillo playero, legins, camiseta de tirantes, blusita suelta o pantalones pesqueros, seguimos por dejar la cana libre, y vamos al minimalismo estético, enarbolando enseñas de "la arruga es bella"...la aniquilación de la especie humana, como hombres y mujeres, pasa de amenaza a hechos recalcitrantes.
Es algo que me da miedo, porque cultivar la propia esencia, todo eso de la autoestima y la autoimagen, pasa por potenciar el "quien" que somos, en versión "él" o "ella". Desde la concepción hasta la muerte.

Como  firme defensora de que ante lo que no gusta, el cambio más efectivo es el de la mismidad- porque en el fondo es el único cambio que de verdad controlo- me aplico el cuento, intentando descubrir si ya se me han despertado algunos síntomas de ésa androginia pavorosa...y descubro que sí, que seguramente ya ha empezado la hecatombe...que el derrapaje empieza por los pies:  la búsqueda de la comodidad en los zapatos a toda costa. No se trata de comodidad justa, para determinados trabajos, excursiones, paseos, riscos y montañas...no, es otro tipo de cambio. Es la línea transgresora que decide, sin tapujos ni ambages, calzarse ya, para siempre, las mismísimas "barcas de San Pedro", lo que sería la delicia del ortopeda medio...lo que en casa denominan "zapatomonja"...

Así que, conclusiones de la clase de ayer mientras blandía el carboncillo en la dura batalla por la belleza perdida: Niñas/añosas...¡a los tacones!




jueves, 6 de febrero de 2014

Máxima


Apenas lo conozco, tiene pintas de ser un cura algo despistado.
Su feligresía es rabiosamente joven y tiene una " gracia" especial con los cartelitos .
Siempre me sorprenden las asociaciones de imagen y palabra con los que anima a rezar, a pedir perdón, a "apuntarse" a la Catequesis de Confirmación. 

Ayer no había imágenes sugerentes en el cartelito.

Sólo palabras.

Palabras con tanta luz, que nada más hacía falta.

Quien aprende a vivirlas, ha encontrado la Felicidad.




                                     
                                        

jueves, 21 de noviembre de 2013

Espejismos






Dejó que el agua recorriese su cara hasta escurrirse debajo del camisón. 
Era el mejor buenos días.

Le gustaba el agua fría sobre la piel, despertaba cada uno de los cientos de músculos que tiene un rostro humano,  tonificaba la posibilidad de sonreír.

Retiró el mechón de la frente y lo sujetó con la pinza de plástico rojo que había comprado en los chinos. Necesitaba teñirse,otra vez, y recordó que aún le quedaba una caja de tinte de la promoción 3x2, de la última macro compra en el súper.

Se acercó al espejo, ensayando muecas, como en su adolescencia: morritos, sonrisa de medio lado, mirada pérfida levantando la ceja, cara de globo hinchando los carrillos...autopedorreta final para burlarse del susto de su propia imagen, al encontrarse cada mañana, cara a cara en el espejo.

Según las revistas de belleza y moda, era una mujer madura, de esas a las que a las que  los expertos en "outfit" y tonterías varias, aconsejan "realzar su mejor rasgo".
No era fácil escoger. 
Los ojos...habían perdido la forma almendrada con "la invasión de los párpados", que tendían a la baja...
Curiosamente los labios eran lo único que adelgazaba de manera espontánea, sin necesidad de régimen ni gimnasio, retrayendo la sonrisa carnosa bajo el peso de las líneas nasobucales, cada vez mas empeñadas en hacerse notar. Colocándose el labio superior hacia arriba, probó a imitar el efecto "pato donald" que abundaba en las celébritis y en muchas de sus conocidas. Pero definitivamente no se veía con ese tipo de implantes plastificados. Al menos mientras los labios originales le sirviesen para seguir besando.

Le costaba reconocerse en aquella mujer , en aquel óvalo que se desdibujaba , siguiendo una ley inexorable , la que descubrió Newton a golpe de manzana, la que llama desde las entrañas de la Madre Tierra, la fuerza que estira y estira hacia el suelo, como un imán, continua publicidad subliminal de ése eslogan tan comprobado: Polvo eres y en polvo te convertirás.

Dos golpes secos, desproporcionados, interrumpieron el diálogo con aquella desconocida y sin embargo amiga.

     - Mama, te cojo diez euros del bolso...y acuérdate de que no vengo a cenar.

     - Vale, cariño, pórtate bien... ... Espera, dame un beso.

Corrió el pestillo y, tras la puerta, le pareció encontrar en otros ojos la mirada propia que creía perdida.

viernes, 1 de noviembre de 2013

Uno de Noviembre: refrito existencial.



                   "Cristo en medio de una multitud de santos"(1550-1600).
                                         Museo Nacional de Zurich



Hoy no haré panellets.
Siempre acaban resecos y deslucidos, con los piñones picoteados por manos semi-inocentes, trasvasados de plato en plato.
Y además... andan mis niños desperdigados por todo el ancho mundo. Ya no hay tardes de toquetear el mazapán dulce y jugar con los piñones.
Siempre he creído que saber cambiar lo que no es esencial, adaptarse a las necesidades de cada etapa, es vital para ver la felicidad que nos rodea. Y este uno de noviembre toca cambio.

Asaré unos membrillos, tan otoñales ellos, y haré una Tarta de Santiago, que también lleva almendras, y será un dulce esponjoso con el que disfrutarán los bisabuelos y los biznietos, los dos puntos extremos, encuentro de cariños en el ciclo de la vida.

Este día de Todos los Santos ha amanecido con luz de verano.
Lady G me envía  fotos desde yankilandia, con telas de araña y esqueletos.
Ayer en el trabajo la gente se felicitaba la "castañada"(?), con el mismo entusiasmo con el que nos felicitamos las Pascuas. Debe ser una nueva costumbre, en este retorno a la Arcadia ruralizada y con barretina.

Qué manía más curiosa la del día de Todos los Santos, centrarse en la muerte, justo el día que celebramos a los millones de hombres y mujeres que supieron encontrar el Sentido de sus vidas.

Quienes un día se preguntaron "¿qué me importa de verdad?",
y dieron con la respuesta correcta, los que entendieron que el sentido de sus vidas transcendía su yo pequeño, y aprendieron a centrar sus días en otros.

Quienes se dieron cuenta de que el Amor era capaz de vencer la debilidad y la limitación humana, porque el amor sobrevive a la ausencia.

Quienes entendieron que la felicidad no es un sentimiento, ni un placer, ni un estado ni un hábito, sino una condición de la persona misma, de toda ella. Y así tantas cosas y ocupaciones triviales y e intranscendentes, que nada tienen que ver con la felicidad, se transfiguran y van construyendo una cotidianidad profunda...
¿Y no es eso lo más parecido a la auténtica felicidad que tiene continuación en el Cielo?



viernes, 11 de octubre de 2013

Cruzar el Ebro






Cuando llega al mar, el Ebro ya se ha amansado.
Ayer crucé el Ebro contemplando la fecundidad del Delta, donde el río hace inventario de sus logros antes de echarse a la mar, y comenzar de nuevo.
No fue un "cruzar"al modo de Rubicón moderno.  Era un viaje de ida y vuelta.

Al regresar, para estirar las piernas, tomar un café y hacer un paréntesis en la monotonía de un viaje en solitario, aparqué en un área de servicio que casi parecía un Parador Nacional, con vistas al Mediterraneo y unas mesitas de piedra  y me senté allí, bajo unos pinos que al sol del mediodía parecían más dorados que verdes, con una sombra entreverada, dibujada a topos, llena de escalofríos.

Sin decir ni pío me rodearon. Eran unos veinte. Saltarines, impredecibles, desmochados.
Se estaban dando un banquete con los restos que habían dejado otros viajeros.
Agradecí la compañía de aquellos gorriones totalmente domesticados, les importaba muy poco mi presencia, me ignoraron por completo, y me hicieron recordar las muchas veces que, ante las dificultades en temas de dineros, mi "GeorgeClooney", me recordaba eso de la Providencia , los lirios del campo y los gorriones... Él siempre ha sido un hombre de fe contundente. Yo no lo tenía tan claro. Incluso me "mosqueaba" un poco esa seguridad suya, la interpretaba como síntoma de cierta despreocupación cachazuda o pasotismo. Después lo he ido viendo. Claro, cuando ya no era "cuestión de fe". Ahora, a la vuelta de los años, son hechos probados: La Providencia existe, yo me la encontré.
He recordado el "sucedido" que siempre nos contaba mi padre,el de la viejica a la que el buen párroco explicándole la bondad de la Providencia divina, interpelaba:

                   - ¿Acaso no cuida de los lirios y los gorriones del campo?

                   - Sí mósen, sí ... ... ... pero mire qué garricas tienen...

Me he reído sola, pero los gorriones ni se han enterado.



viernes, 27 de septiembre de 2013

Pontificar






Roma está cosida con puentes, que bordan paseos románticos sobre el Tiber, o simplemente pespuntean el camino del tranvía para las prisas modernas.

El Tíber reposa bajo sus arcos como un anciano cachazudo, sabio y expansivo. Confiado en la fuerza invisible del agua, capaz de esculpir las piedras hasta suavizarlas, perseverante hasta convertir la roca en arena. Por eso descansa plácido,porque como la verdad se sabe tozudamente eterno.

En el Ponte Milvio los enamorados modernos guerrean con el ayuntamiento que no les deja colgar candados, símbolo de su amor comprometido.

En el de Sant'Angelo los manteros venden por veinte euros  bolsos de Prada, y nos paramos los turistas para captar la luz del tramonto,un  arrebato de malvas y ocres como escenario, metáfora de la tristeza que siempre llega con la despedida, la del día, la de la vida.

Ahora que no se lleva nada "pontificar"*, ahora que la posmodernidad nos exige el tedio del conformismo, la desilusión de la fragmentación y el individualismo, estos puentes me parecen el mejor símbolo de esperanza, la imagen del mi proyecto de vida: Edificar Puentes.

Puentes que son mesas de fiesta para celebrarnos, o simplemente compartir unos macarrones.
Puentes que son tardes de contemplación mientras mis padres duermen la siesta y los niños piden la merienda.
Puentes para acompañar, para aprender empatía y hacer del otro, tan distinto, alguien enriquecedor y cercano, con una taza de té que nos caliente las manos o un tartufo helado, un abrazo o un guasap... Compartir y hacerse cargo...

Puentes con dos pilastras, las únicas que hacen posible el diálogo: comprensión y verdad. Argamasa indispensable para combatir la aluminosis del pensamiento postmoderno.


En el antiguo Pons Sancti Petri, los ángeles de Bernini me soplan al oído unas sabias palabras de Alejandro Llano: "El diablo trata de convencernos de que las cosas no pueden cambiar. Pero él si trata de cambiar las cosas...para mal".









 *  Exponer opiniones con tono dogmático y suficiente.
      Etimología: Pons facere: edificar puentes.







miércoles, 11 de septiembre de 2013

Servicio Oficial





Cuando se "escacharra" la lavadora o noto que el lavavajillas amenaza con un colapso, suelo acudir a los servicios oficiales, me da confianza acudir a quienes se erigen en "autorizados" para cambiar piezas y reparar fusibles. Pero eso sólo con las máquinas.

Cuando de seres humanos se trata no hay nada más peligroso que autoproclamarse "servicio oficial del pensamiento".

Con este cielo gris que hoy amenaza con fastidiarnos la barbacoa, no puedo dejar de recordar una película italiana: "Una giornata particolare", de Ettore Scola, con Sofía Loren y Marcello Mastroiani. 

Cómo me recuerda el escenario que ambienta Scola en ese 28 de octubre de 1922... El mismo aire que hoy respiro. La película, con pequeños detalles consigue un retrato íntimo de las cosas que la gente hacía en aquellos años, su fanatismo, la justificación del mismo y los valores creados alrededor de la política, la guerra, la raza.
Y por debajo de los grandes desfiles, del devenir de los políticos y los dictadores, hoy como ayer, la vida concreta. Mediatizada e influida por la manipulación y el borreguismo que nos rodea, pero al mismo tiempo única herramienta de aguante y cambio. Porque la libertad no hay servicio oficial que me la adultere ni cambie.

Hoy nos juntaremos en una barbacoa. Un modo como otro cualquiera de manifestar la disidencia con el servicio oficial del pensamiento único.







sábado, 6 de julio de 2013

Plan de Futuro







Estoy estudiando otra vez. Sin exámenes, pero con plazos.
Es el mejor modo de saborear el placer del conocimiento.
Como casi todo lo interesante, el gozo llega subiendo una cuesta.
Sorprende apareciendo detrás de un recodo oscuro, mientras aún estamos recobrando el aliento. 

Así son las cosas del saber, tan parecidas a las del querer, con algunas diferencias radicales.

Me pregunto si esto del aprendizaje tiene edad, si resistirán mis circuitos neuronales la sobrecarga de información, si no pasará como con las tuberías de plomo, que acaban como surtidores al recibir demasiado caudal.

Casi con total seguridad, un día dejaré de "aprender".
Pero eso no tiene importancia, 
Se lo acabo de leer a Alejandro Llano:

"Estrenamos cada día un ansia y una sed inconfundibles.Nos despertamos cada mañana con un deseo inédito. Cada día supone un comienzo. Poco importa lo sucedido hasta entonces. El hecho de que un anhelo semejante haya sido satisfecho ayer no quiere decir que no se presente hoy, con la misma fuerza o aún mayor, porque el deseo siempre es nuevo. En el campo del conocimiento se registra el consabido déjà vu, pero no existe, en el plano desiderativo, un ya querido".

Es la mejor noticia, no hay experiencia resabiada en el querer de verdad.
Es la absoluta novedad del amor, que se estrena cada día.
No existe mejor plan de futuro.







miércoles, 15 de mayo de 2013

Cinco minutos de un viaje en tren



                                                                          E. Hopper



Oigo dos conversaciones cruzadas mientras escribo. 
De los asientos de atrás me llegan las voces de mi sobrina pequeña y mi hermana, jugando a adivinanzas, entreteniendo el rato que aún nos queda. 
En el asiento de al lado un hombre musculado con pintas de matón de gimnasio o de guardaespaldas, habla con deje "cani" con sus compañeros, sobre boxeo, con nombres y palabras que no entiendo.

Desde fuera, a través del cristal de la ventanilla, pasan silbando las llanuras verdes. 
Está siendo una primavera rabiosa, más brillante que otros años, saturada de esmeraldas con sombras púrpura. Hoy viene el cielo con nubes prendidas, con pinceladas cortas, grises en un fondo azul como el que pintan los niños. Cuánto me gustan las nubes. Siempre quisiera pintarlas, con su esponjosidad  de bizcocho... Me gustaría saber plasmar la atmósfera opaca de sus ondulaciones filtrándose en la luz transparente.

Ya casi llegamos .
Aparecen como chasquidos aldeas blancas entre los campos recién germinados.
A borbotones de velocidad atravesamos pueblos recién construidos, bloques de pisos que nunca han sido estrenados, fantasmas de los pródromos de esta crisis, esqueleto de las desmesuras e insensateces.

Madrid se despereza soleada. Intuyo su ronroneo de coches como saludo de buenos días. 

Mi sobrina ríe como sólo saben reír los niños de diez años. Estrenando humor inteligente, sin poder sofocar las carcajadas que mi hermana, pudorosa, intenta aplacar por cortesía con los otros viajeros. Pero la risa es incontrolable en la seguridad confiada que ofrece la infancia.

Al escucharla también río, pero por dentro, porque Madrid se ha quedado en mi corazón como el recuerdo del primer debut de libertad, a la que ni tan siquiera le había quitado  la etiqueta de la novedad. Y siempre que vuelvo, regreso a esa sensación de inauguración, de emancipación recién estrenada.

Me ayuda mucho recordar que sólo tenía 17 años. 
Para no sufrir tanto por ellos cuando comienzan a alejarse de mis alas de clueca.
Para entender sus ganas de independencia y disfrutar con ellos el regalo de la libertad.

Para educar no hay mejor medicina que la  memoria.





martes, 16 de abril de 2013

¿Héroe o Villano?







Un corto basado en un artículo de Pérez Reverte.

Historia de lo mejor y lo peor.
Alejando la tristeza de los agoreros que creen en la predestinación.

Me gustará que os guste.