jueves, 29 de septiembre de 2011

Cuento equivocado


Erase una vez una famila modelo.

Desde que sonaba el despertador todo estaba medido. El desayuno esperando desde la noche anterior en la mesa, las galletas contadas en cada plato, la hora de salida cronometrada.

Cada hora, cada paso debía  tener un sentido práctico, siempre estaban muy ocupados, con el tiempo contado en gramos,  como las raciones congeladas del menú semanal.
No les cabía en la cabeza que ningún despistado se invitase a comer en su casa, no tendrían ni tiempo ni ración preparada. Nunca se ofrecían a alojar en sus habitaciones a nadie, no había minutos y energías que perder en tontadas.

Necesitaban descansar de una vida de tanta entrega, con calendarios  de asueto rígidos  hechos a su conveniencia, que todo el mundo debía respetar, se trataba de SU descanso...

Cada uno dirigía su vida con orden ajustado, sin interferir en los quehaceres del otro... que la convivencia crea muy malos rollos, desordenes y despilfarros.Vivían juntos, pero sin intersecciones molestas.

Todos sus días encajaban como las fichas de un puzzle, y era tan importante mantener ese esquema, que el resto de la realidad debía ajustarse a ésas mismas coordenadas.
No cabían más cumpleaños que los suyos, sólo sus  problemas debían tenerse en cuenta. Si ellos no sentían una necesidad, es que no existía.

Eran un sistema solar con órbitas  milimetradas, girando en torno al astro rey, su YO enorme, disfrazado de "ordo amoris"

Estaban convencidos de que en esto consiste el buen amor: ordenado, pesado y medido.

Pero se equivocaron de cuento,  confundieron las relaciones afectivas con las efectivas.