jueves, 4 de octubre de 2012

Fulgor de cerillas







Los fuegos artificiales me atrapan. 


Mirar la noche y que empiece a explotar en chorros de luz, es volver al refugio de la imaginación infantil, retrasar el reloj biológico unos minutos, alisar las arrugas del alma.

Ya sé que son pólvora vanidosa y efímera,  relámpagos engañosos , que su luz no es buena como faro y guía. Pero me embelesa su belleza, el idealismo de ese brillo tan fugaz y coloreado con purpurinas. 
Porque son ilusión en vena.


Y eso son, fuegos artificiales, las ínfulas de orgullo que hinchan a quienes triunfan y son portada del Times, o personaje del año en París Mach.
Vale, seguramente la mayoría son hombres y mujeres con enjundia, merecen la portada y mucho más. Pero esa fama de papel, es estallido de pirotecnia. 
Lo recuerdo cada semana, cuando en el taller veo las pilas de revistas atrasadas, me saludan esos rostros fotografiados siempre por el perfil bueno, y los estrujo entre las manos mientras limpio con esos papeluchos las planchas de grabado. 
Toda la gloria acaba así,  emborronada en un manchurrón de tinta.

Y si ser la cara del día en una de esas publicaciones internacionales es  así de pasajero, que ahora se me ocurra como "ejercicio bloguero", nombrar  a algún desconocido como  "El rostro de la semana"en un blog que no juega ni en la cuarta regional, no llega ni a chasquido con pólvora mojada.
Lo sé. 
No será ni  fulgor de cerilla. 
Brillo mustio, que nace ya amortajado, y con una vida tan corta, que no llegará ni a "nanoluz".
Luz tan temblorosa y tristona como las ilusiones con las que se engañaba la pequeña cerillera, la del cuento de Andersen, mientras moría congelada en la noche de Navidad. 
(Vaya cuento triste . Si ahora nos quejamos de la crudeza de algunas escenas que contemplan nuestros niños, los antiguos no tenían manías en eso de mostrar la crueldad y dureza de los corazones, aleccionaban desde pequeñitos).

Y aunque sólo tendrá el esplendor caduco de la chispa de un fósforo, quiero encender toda la caja de mis cerillas, iluminar con ellas  este rincón recóndito y escondido entre las grutas de la blogosfera, 
Imagino que como siempre me repito, ya lo habré contado. 
Bueno, pues again, otra vez: De todo lo creado, lo que más me fascina son los rostros y las manos de un ser humano. Creo que unen en armonía lo que significa el amor creador de Dios y la libertad que nos regala con la vida.

Por eso, de vez en cuando, voy a nombrar en Matermanías "El rostro de la semana"( o del mes o del semestre, que eso nunca se sabe). 

Para que los destello de los personajes anónimos aclaren algunos días, en los que los rostros que salen en la prensa hacen crecer brumas en el alma.


*Nota para mis críticos tan crueles como amorosos: 
¡Vale, sí , acepto lo de la melancolía!. Tenéis razón.