jueves, 8 de septiembre de 2011

Qué calóóó !



Las tardes siguen siendo densas. El calor pringoso unta de sudores la cara, llena de pereza el pensamiento y cruje con fuerza las articulaciones.
 
          ... Nada que ver con los calores de los anuncios de mojito, en los que el sudor es frescor verde. A   pie de acera, sabe salado, y mezcla aromas desagradables.

Pegada a la estación de cercanías , la playa es un remanso barato. Arena de recambio, apilada cada primavera para que el gentío tenga donde caerse un rato al sol. El mar gasta muy malas pulgas con el frío, y en las primeras lluvias volverá a dejar descarnada la roca, se tragará la arena y relamerá la vía amenazando con tragarse el tren.


           ... Nada que ver con las arenas blancas del caribe que se anuncian para curar elestrés.          Ni palmeras, ni hamacas con caipiriña. La sombrilla de los chinos, y la neverita de plástico son todo el surtido del frescor.

Las abuelas pasean de tres en tres a lo largo de la orilla, medicina natural para sus piernas varicosas, con bañador-faja en colores oscuros, que adelgazan. Algunas se atreven con los enormes estampados de medio luto, flores exóticas para el sol.

"La Vane" extiende el bronceador aceitoso sobre el piercing del ombligo, y habla y habla...pero "el Josua" ni se inmuta. El sueño de sus ojos se concentra en liarse un porro.

           ... Nada que ver con "cuerpos danone" contorsionándose sobre toallas  como sábanas de espuma. Aquí se luche abiertamente por dos centímetros más cerca de la orilla y lo más parecido a los bañadores de "Victoria's Secret" son los bikinis del Carrefour, en todas sus versiones, con las gomas ya comidas por el salitre, haciendo ondear graciosamente la lycra.

La realidad es mucho más hermosa que los lujos artificiales, tiene la belleza de ser cotidiamente imperfecta.